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¡Solo hay un orden correcto para leer los libros de «Narnia»!

No resuelve los problemas del mundo, pero me gusta tener opiniones firmes sobre pequeñas cosas que me importan. Por eso considero un disparate la numeración cronológica que utilizan hoy los editores de las Crónicas.
Sean cuales sean las deficiencias de las películas de Narnia, sus responsables hicieron al menos una cosa bien: siguieron el orden original de publicación, que fue la forma en que muchas o la mayoría de las ediciones numeraron los libros hasta unos veinte años antes de este artículo.
- The Lion, the Witch and the Wardrobe
- Prince Caspian
- The Voyage of the Dawn Treader
- The Silver Chair
- The Horse and His Boy
- The Magician’s Nephew
- The Last Battle
A partir de 1994, los editores adoptaron otro sistema de numeración. Ese orden es básicamente cronológico y desplaza dos libros, The Magician’s Nephew y The Horse and His Boy, para situarlos respectivamente antes y después de The Lion, the Witch and the Wardrobe:
- The Magician’s Nephew
- The Lion, the Witch and the Wardrobe
- The Horse and His Boy
- Prince Caspian
- The Voyage of the Dawn Treader
- The Silver Chair
- The Last Battle
Los editores afirman, de forma poco convincente, que este cambio refleja la preferencia de Lewis. Se basan en una carta que escribió a un joven admirador estadounidense que prefería el orden cronológico, frente a su madre, partidaria del orden de publicación. Lewis escribió, entre otras cosas:
“Creo que estoy más de acuerdo con tu orden para leer los libros…”
C. S. Lewis
En el resto de la carta, Lewis explica que la serie no había sido planeada de antemano: cada uno de los primeros libros dio paso al siguiente y ni siquiera estaba seguro de que todos los posteriores hubieran sido escritos en el mismo orden en que se publicaron.
Una nota amable dirigida a un joven lector difícilmente demuestra que Lewis prefiriera de verdad el orden cronológico. En cualquier caso, nunca he conocido a un auténtico admirador de Lewis que estuviera de acuerdo. Para mí, la numeración cronológica es un disparate porque la única forma correcta de descubrir Narnia es hacerlo como Lewis la «descubrió»: básicamente en el orden original de publicación, con algún pequeño matiz.
No digo que haya nada malo en leer los libros cronológicamente cuando ya los conoces. De hecho, puede ser un ejercicio interesante que revela pequeñas tensiones entre las historias y permite apreciar cómo fueron creciendo en la mente de Lewis, es decir, básicamente siguiendo el orden de publicación.
Pero solo hay una forma correcta de descubrir las historias, es decir, de leerlas por primera vez. El problema de la nueva numeración no es que esté mal releerlas así, sino que generaciones de lectores están conociendo Narnia por primera vez en ese orden sin saber siquiera que existe otro.
Lewis construyó el mundo de Narnia como un artista que empieza con un garabato en algún punto del centro de la página y va ampliando el dibujo, primero hacia un lado y luego hacia otro, hasta terminar en los bordes con una imagen completa.
En concreto, Lewis partió de una imagen poética que llevaba mucho tiempo en su cabeza, prácticamente la escena al final del primer capítulo de The Lion, the Witch and the Wardrobe: un fauno con paraguas y los brazos llenos de paquetes, de pie bajo una farola en un bosque nevado. Terminó en los «bordes» con The Magician’s Nephew y The Last Battle, que cuentan el principio y el final del mundo de Narnia, su Génesis y su Apocalipsis.
Ningún artista empieza a dibujar en la esquina superior izquierda para avanzar metódicamente hasta la esquina inferior derecha, y tampoco es así como miramos un dibujo por primera vez. Empezamos en un punto focal y seguimos el flujo de la composición. Así explora Lewis el mundo de Narnia de un libro al siguiente, a través de distintas dimensiones de tiempo y espacio:
- The Lion, the Witch and the Wardrobe esboza la tierra de Narnia a partir de aquella imagen inicial en la mente de Lewis, con pocas pistas sobre el mundo más amplio que existe tras sus fronteras.
- Prince Caspian da un gran salto hacia el futuro y, más tarde, un pequeño paso hacia el sur, hasta Archenland.
- The Voyage of the Dawn Treader viaja mucho más lejos, navegando al este de Narnia hasta el mismísimo borde de ese mundo, alegóricamente rumbo a los cielos, al territorio del sol y al propio país de Aslan.
- The Silver Chair avanza al norte de Narnia y, todavía más llamativamente, desciende a las profundidades del mundo subterráneo narniano, en dirección opuesta al cielo aunque sin sugerir un reino de los muertos.
- The Horse and His Boy gira hacia el sur, adentrándose en una cultura más alejada del ambiente de Narnia que cualquier otra que encontremos.
- The Magician’s Nephew da un enorme salto atrás hasta los orígenes de Narnia y más allá, además de dirigirse al oeste, hacia las tierras situadas más allá de Lantern Waste.
- The Last Battle avanza hasta el apocalipsis de Narnia y más allá.
Hay una ruptura natural entre las cuatro primeras historias y las tres últimas. Las cuatro primeras, pese a sus diferencias, comparten una estructura: niños ingleses son transportados a Narnia y después regresan a Inglaterra. Además, mantienen un reparto principal parcialmente común a lo largo de cuatro aventuras sucesivas. Las tres últimas, en cambio, quedan más separadas: cada una presenta protagonistas distintos y ninguna es una secuela narrativa directa de las otras.
En los libros 1 a 4 según el orden de publicación seguimos cuatro visitas de los niños Pevensie a Narnia, acompañados por su primo Eustace en los dos últimos. Tras cuatro historias del mismo tipo y con personajes que se solapan, Lewis cambia de marcha y ofrece tres relatos diferentes. Hay un matiz: al parecer escribió The Horse antes que The Silver Chair. Sin embargo, publicó primero The Silver Chair, presumiblemente para mantener la continuidad entre las dos aventuras narnianas de Eustace. Además, The Silver Chair menciona el relato de The Horse and His Boy como una historia aún por contar.
The Horse and His Boy es el único libro de la serie que no trata sobre niños de nuestro mundo que entran en Narnia. Cuenta una historia protagonizada por personajes nacidos en ese mundo. Se desarrolla durante el último capítulo de The Lion, cuando los Pevensie adultos reinan como reyes y reinas de Narnia; aunque aparecen, la historia no gira principalmente en torno a ellos.
Debido a su ubicación cronológica, el orden nuevo coloca The Horse entre The Lion y Prince Caspian, interrumpiendo el flujo entre las dos primeras aventuras narnianas de los Pevensie. El último párrafo de The Lion termina, entre otras cosas, así:
“Y ese es el verdadero final de la aventura del armario…”
C. S. Lewis
Esa frase presenta The Lion como el primer libro y nos prepara para el regreso de los Pevensie en Prince Caspian. Apartarse de ellos durante un libro entero —salvo por una aparición como adultos— para leer The Horse tiene poco sentido.
Pero este ni siquiera es el mayor problema de descubrir las Crónicas cronológicamente. El problema principal es invertir The Lion, the Witch and the Wardrobe y The Magician’s Nephew. Nadie debería leer The Lion por primera vez después de haber leído ya Magician’s Nephew.
Volvamos a la imagen inicial: un fauno con paraguas y los brazos llenos de paquetes bajo una farola en un bosque nevado. Es una imagen mágica y misteriosa por muchas razones. ¿Qué hace una criatura mitológica como un fauno en un mundo con paraguas, paquetes de papel marrón y farolas? Y, para empezar, ¿por qué hay una única farola solitaria en medio del bosque?
The Lion introduce otros misterios: una mujer alta e imperiosa llamada Jadis que se proclama reina pero quizá sea una bruja; animales que hablan; y rumores de una figura invisible y desconocida llamada Aslan que está en camino. Lewis presenta deliberadamente a Aslan como alguien a quien ni los niños ni el lector primerizo conocen todavía. Y está, por supuesto, la misteriosa entrada a Narnia: ¿por qué un armario debería funcionar como puerta hacia ese mundo mágico?
Después aparece el viejo profesor, que escucha la preocupación de los niños mayores por las historias de Lucy y recurre a la lógica y el sentido común para asegurarles que no está loca y que lo razonable es suponer que dice la verdad. Habla vagamente de los misterios de su casa, pero en la última página deja caer que quizá haya estado jugando un poco con ellos: puede saber más sobre Narnia de lo que ha contado, aunque tiene sus razones para guardar silencio.
El placer de estos enigmas no depende de conocer sus respuestas, pero Lewis acaba respondiéndolos en Magician’s Nephew. El profesor ha estado en Narnia y, de hecho, presenció su creación. Mandó fabricar el armario con la madera de un árbol que había crecido en Londres a partir del corazón de una manzana narniana que plantó, y unos anillos mágicos podían transportar a quien los llevara entre mundos.
La bruja Jadis es una criatura malvada de otro mundo y Aslan es el creador de Narnia. La farola y otros elementos de la cultura inglesa llegaron desde nuestro mundo al principio.
Al leer The Lion por primera vez nos golpean el misterio y el asombro; cuando finalmente llegamos a Magician’s Nephew pensamos: «¡Ah! Así que por eso…»
Invertir el orden de esos dos libros nos da primero las respuestas y después las preguntas. Si Magician’s Nephew responde preguntas que aún no nos hemos hecho y The Lion plantea después enigmas cuya solución ya conocemos, el primero pierde buena parte de su fuerza reveladora y el segundo mucho de su misterio.
Leer Magician’s Nephew antes que The Lion también resta fuerza al gran descubrimiento de Prince Caspian. Los Pevensie regresan a Narnia un año más tarde y descubren que allí han transcurrido 1300 años. La sorpresa funciona especialmente bien si Prince Caspian es nuestra segunda visita a Narnia. Si es la tercera y ya sabemos que el muchacho que presenció la creación de Narnia vivió lo suficiente para conocer a cuatro niños que la visitaron muchísimas eras después, el salto de 1300 años resulta menos impactante.
Así que olvida la numeración de las ediciones nuevas. Lee los libros en el orden en que Lewis los publicó, sobre todo si se los lees en voz alta a niños que nunca los han escuchado o que hace tiempo que no los oyen y apenas los recuerdan.
Øyvind Nyborg