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Sobre la importancia de enseñar y las habilidades que desarrollas al hacerlo

Por Øyvind NyborgPublicado originalmente en la web anterior
Ilustración de Sobre la importancia de enseñar

No me gano la vida como profesor, pero sí enseño en mis actividades después del trabajo. No como maestro de escuela, sino como instructor en una escuela de artes marciales, en clases de defensa personal y en un programa de habilidades para la vida dentro de mi grupo infantil de Taekwon-Do. También, por mi forma de ser, termino haciendo muchas actividades pedagógicas y de enseñanza cuando trato con niños, con compañeros nuevos y sin experiencia o incluso con perros con los que juego. Lo que me mueve es que me gusta inspirar a mis alumnos y a otras personas para que lleguen a ser más de lo que pensaban que podían ser. Me gusta verlos crecer y desarrollar su carácter. Me gusta que aprendan cosas que antes desconocían, que exploren su potencial y que se queden con ganas de seguir aprendiendo. Y al hacerlo, yo también aprendo, y aprendo muchísimo.

No solo profundizo en mi comprensión de los temas que enseño; también aprendo y desarrollo habilidades profesionales esenciales para mi otra vida laboral y mi carrera. Y, por supuesto, todo ello influye también en mi carácter personal.

Ante todo, enseñar exige disciplina, buena planificación y capacidad para gestionar el tiempo. Hay que preparar cada clase con cuidado porque, si entras en el aula pensando improvisarlo todo, no llegarás muy lejos. También debes saber cuánto tiempo llevará cada tarea para no quedarte atrás con el programa. Tanto si enseñas en una escuela o un instituto de idiomas como si lo haces en un gimnasio como yo, siempre habrá informes u otras tareas que preparar y entregar dentro de unos plazos. Organizar tanto tu propio horario como el de la clase es una de las primeras cosas que debes dominar para tener éxito.

La enseñanza también estimula la creatividad y el pensamiento lateral. No hay dos alumnos iguales. Cada persona aprende de manera distinta. Por eso, cada clase necesita incorporar actividades variadas que beneficien a todos. Algunas personas aprenden mejor mediante juegos; a otras les resulta más fácil leer y escribir. Un buen instructor necesita buscar o crear continuamente tareas diferentes para mantener a todo el mundo aprendiendo.

La diversidad de capacidades y caminos de aprendizaje de los alumnos desarrolla otra habilidad: saber leer y comprender a las personas. Muchos cursos no duran un año entero, así que el profesor dispone de poco tiempo para conocer a sus alumnos y, aun así, tiene que ofrecer clases interesantes. Debe ser —o convertirse muy deprisa en— un buen observador para adaptar la enseñanza y conseguir que cada alumno se implique y se motive. Identificar con rapidez las necesidades y capacidades de las personas es una habilidad de enorme valor en atención al cliente, ventas y cualquier profesión que implique trato con clientes.

Ya enseñe a una sola persona o a un grupo, el instructor debe mantener el control. Si todavía no posee habilidades de liderazgo y gestión de personas, tendrá que desarrollarlas bastante rápido si no quiere volverse loco. Los profesores se parecen a los responsables de un equipo: guían a sus alumnos hacia un objetivo común, les proporcionan las herramientas y el entorno adecuados para alcanzarlo y procuran que todos participen aprovechando al máximo las capacidades individuales.

Explicar a otra persona todos los recovecos de un idioma mejora tu propio dominio. Trabajar con personas de distintos niveles te obliga a utilizar el vocabulario y las expresiones adecuados. Tener que encontrar buenos ejemplos para explicar palabras y modismos perfecciona la capacidad de transmitir mensajes de manera clara y eficaz. El contacto con personas de distintas nacionalidades también aumenta tu apreciación de otras culturas y formas de pensar, e incluso puedes aprender algunas expresiones del idioma de tus alumnos. Esta exposición desarrolla asimismo la capacidad de comprender a los demás y los mensajes que intentan transmitir.

No olvidemos que cada clase debe impartirse y adaptarse en función del público, es decir, de los alumnos. Por eso casi sobra decir que un buen instructor necesita excelentes habilidades de presentación.

Enseñar es aprender dos veces.

Joseph Joubert

Øyvind Nyborg

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