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No existe eso de ser adulto

Por Øyvind NyborgPublicado originalmente en la web anterior
Ilustración de No existe eso de ser adulto

—y nadie tiene la vida completamente bajo control.

Cuando era joven —quiero decir, más joven que ahora— miraba a mis padres y a mis profesores y pensaba que ellos ya lo habían descubierto todo. Tenían algún secreto sobre la vida que yo aprendería algún día. Como decían: «Lo entenderás cuando seas mayor».

Probablemente todos pensamos alguna vez que existe cierta edad a partir de la cual las cosas empiezan de repente a tener sentido y uno adquiere todo el conocimiento necesario para tomar las decisiones correctas.

Luego creces y descubres que, en realidad, no existe eso de ser adulto.

Los adultos no son más que niños obsoletos, y al diablo con ellos.

Dr. Seuss

Puedes hacer «cosas de adultos»: pagar facturas, tener trabajo, comprar una casa, casarte, tener hijos y hacer todo aquello que veías hacer a tus padres. Pero si esperas el momento en que dejarás de cometer errores y tendrás por completo las riendas de tu vida, vas a esperar eternamente.

Yo miraba a las «parejas casadas adultas» y pensaba que debían conocer todos los secretos de una relación feliz y sana. Creía que hacerse mayor significaba aprender sin más a hacer esas cosas. Luego creces, ves a tus amigos casarse, tener 1,34 hijos, una casa, un Volvo beige y un golden retriever, y entonces te confiesan que tampoco saben lo que están haciendo. No tienen la vida bajo control y ni siquiera saben hacia dónde se dirige.

Todos estamos fingiendo para que los demás crean que sabemos qué demonios estamos haciendo.

Todo el mundo tiene algo imperfecto en su vida y todos metemos la pata. Eso no significa que estés viviendo mal, porque te aseguro que nadie lo está haciendo todo exactamente bien.

Quizá eso sea precisamente lo que significa llamarse «adulto»: admitir que no tienes todas las respuestas y que vas descubriendo las cosas sobre la marcha.

Así que brindo por todos los «adultos» que, como yo, van fingiendo. Recordad esto: la estamos cagando juntos. Con suerte aprendemos de nuestros errores y no volvemos a cometer los mismos dos veces.

¡Salud!

Øyvind Nyborg

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