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El arte de estar presente

Por Øyvind NyborgPublicado originalmente en la web anterior
Ilustración de El arte de estar presente

El ochenta por ciento del éxito consiste en presentarse.

Woody Allen

Hay cosas que son engañosamente sencillas. Ponerte sobre el tatami. Sentarte ante el escritorio. Abrir la puerta del dojang —o de la oficina, el aula, la cocina—. Pueden parecer gestos pequeños, pero encierran algo poderoso: estar presente.

Y, muchas veces, eso es lo que separa el progreso de la parálisis. No la brillantez. No la motivación. Simplemente la decisión de estar ahí.

Una forma silenciosa de valentía

En Taekwon-Do, estar presente significa mucho más que encontrarse físicamente allí. Es anudarte el cinturón aunque estés cansado. Es saludar al entrar, sabiendo perfectamente que hoy cometerás errores. Es colocarte en tu primera posición y decirte —no al mundo, sino a ti mismo—: «Sigo aquí.»

En el trabajo ocurre lo mismo. Sea tu labor técnica, creativa, relacional o logística, hay días que no vienen acompañados de fuegos artificiales. Puedes sentirte poco inspirado, sobrecargado o simplemente... apagado. Pero el hecho de estar ahí, de volver a decir «sí» hoy, contiene una forma silenciosa de valentía. Dice: «Puede que no me sienta preparado, pero estoy dispuesto.»

Por qué «Just Do It» sigue funcionando

El icónico lema de Nike —Just do it— es mucho más que una frase publicitaria. Es una filosofía. No «espera hasta sentirte preparado». No «sé el mejor». Ni siquiera «hazlo perfecto». Simplemente... hazlo. Es decir: preséntate. Empieza. Ponte en marcha.

Tendemos a idealizar los grandes avances, pero no aparecen de la nada. Nacen de la constancia, la repetición y del hábito, nada glamuroso, de volver a empezar. Cuando hacemos el trabajo a pesar de las dudas o la resistencia, conseguimos algo mejor que la perfección: impulso.

La práctica es el progreso

Ya estés ganando fuerza, resolviendo problemas, criando a tus hijos o dirigiendo un equipo, nada sustituye a estar presente. Ni el talento. Ni la planificación. Ni siquiera la pasión.

No puedes controlar lo buenos que serán los resultados de hoy. Pero sí puedes controlar si empiezas o no.

Y esa es la cuestión: estar presente es una práctica. Cuanto más lo haces, más pasa a formar parte de quien eres.


Así que átate los cordones. Anúdate el cinturón. Siéntate al escritorio. Entra en la habitación. Simplemente hazlo.

Y mañana, hazlo otra vez.

Øyvind Nyborg

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