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Sobre la importancia de los cumpleaños

Por Øyvind NyborgPublicado originalmente en la web anterior
Ilustración de Sobre la importancia de los cumpleaños

El tiempo cambia las cosas. O, mejor dicho, las cosas —sean abstractas o tangibles— cambian con el tiempo.

Un día termina para dar paso a otro. Y a otro. La Tierra gira lentamente sobre sí misma y alrededor del Sol. Las agujas del reloj nunca se detienen. Con ellas, las ruedas del cambio se ponen en marcha y avanzan casi sin que nos demos cuenta, poco a poco.

Cada día es solo un día más. Y, sin embargo, no lo es.

Para que algunos días destaquen, les damos un significado, un nombre o un motivo. También a tu cumpleaños. Sin embargo, hay muchas personas que no ven razón alguna para celebrar el día en que nacieron. (Yo sí.)

Dicen que no es más que otro día, así que ¿por qué hacer un esfuerzo especial?

Es otro día, sí. Pero ¿por qué habría de impedirnos celebrar la alegría de estar vivos? ¿Por qué no dedicar unos minutos, unas horas o todo el día a hacer balance de nuestra vida, de nuestra gente y, sobre todo, de todo aquello por lo que podemos sentir gratitud?

En un mundo con innumerables razones para sentirse gris, irrelevante o sin valor, a menudo son los gestos pequeños los que importan y los que ayudan a definir quién eres. Esos gestos suelen ganarnos a nuestros amigos y seres queridos. Sí, puede que no se queden para siempre. Sí, hay muchas personas que se pierden entre los capítulos del libro llamado vida simplemente porque «la vida» sucedió. Y sí, no es agradable mirar atrás y recordar a quienes fueron especiales pero ya no forman parte activa de tu vida. Nos enseñan a valorar especialmente a quienes han permanecido con nosotros desde siempre.

Pero ¿por qué debería impedirte eso agradecer a quienes sí continúan ahí o a quienes acaban de entrar en tu vida? ¿Porque la experiencia sugiere que quizá mañana ya no estén? ¿Porque nada dura para siempre?

Si me preguntas a mí, esa es precisamente la razón por la que deberíamos celebrar los cumpleaños —el nuestro y el de los demás, sobre todo el de los demás—. Si hoy no hacemos un hueco para crear recuerdos, sentir gratitud y hacer que alguien se sienta especial, quizá mañana no tengamos nada que recordar con cariño.

Hoy tienes a esas personas. Mañana quizá no. Pero durante el tiempo en que forman parte de tu vida, son o han sido importantes. ¿Por qué no hacérselo sentir hoy, independientemente de lo que ocurra mañana? Tenemos expresiones que nos animan a aprovechar el día y a hacer buen uso de cada jornada, como si todos los días debieran ser especiales. Pero sabemos que eso no es del todo humano ni realista. Todos tenemos días malos en los que las cosas no salen, discutimos o somos infelices.

Entonces, ¿por qué renunciar a esos pocos días que sí podemos convertir en algo especial solo porque nos negamos a seguir una convención que nos invita a hacerlo?

Recuerdo que hace un par de años mis amigos me prepararon una gran sorpresa. No la vi venir. También recibí muchos regalos, incluso de personas que se habían mudado a otra ciudad. Me hizo sentir muy especial. Eran personas cuyas vidas yo había tocado en algún momento y, al hacerlo, ellas tocaron profundamente la mía.

También hubo momentos, sin embargo, en los que fui dolorosamente consciente de las personas que había dejado atrás mientras seguía avanzando. Noté su ausencia. Eran personas que en otro tiempo habían ocupado un lugar especial en mi vida cotidiana y que habían celebrado aquel mismo día conmigo por todo lo alto.

La vida sucedió. Es triste, sí. Pero miro aquellos momentos con una nostalgia feliz. Agradezco que la excusa de mi cumpleaños nos permitiera expresar la importancia que teníamos en la vida del otro. Ahora sé que, en aquel momento, yo importaba para ellos. Y también sé que el hecho de que ya no estén aquí no significa que hayan sido borrados para siempre.

De la misma manera, hoy prefiero sentir gratitud por haber sido amado y valorado, por la vida que llevo y por los amigos que forman parte de ella ahora y que se esforzaron tanto por hacerme sentir especial. Prefiero eso a entregarme a la solemnidad y a la nostalgia por quienes ya no están, aunque ellos y los momentos que compartimos también fueran especiales.

Hoy busco razones para celebrar la fecha en lugar de dejarla pasar como un día cualquiera. En mi cumpleaños cuento aquello que tengo hoy y agradezco antes de perderlo, y también aquello que tuve ayer.

En nuestros cumpleaños rendimos homenaje a eso que llamamos tiempo.

Al final, lo que cuenta no son los años de tu vida, sino la vida que hay en tus años.

Abraham Lincoln

Øyvind Nyborg

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