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Decisiones

“Cuando la vida te dé limones, haz limonada… o saca el tequila.”
A diario nos encontramos con situaciones e incidentes. Pero más importante —o incluso decisivo— que la situación misma es nuestra respuesta o reacción. Las palabras pueden parecer parecidas, pero la diferencia que producen en la vida es enorme. Reaccionar consiste en seguir automáticamente el acontecimiento que acabas de vivir: si alguien te grita, gritas; si alguien te irrita, te irritas. ¿Ves por dónde voy?
Sigue leyendo. Lo hacemos con tanta frecuencia que se convierte en parte de nosotros sin que nos demos cuenta. Si no te reconoces en esta generalización, bien por ti. Pero el hábito que hemos creado de forma subconsciente permite que las circunstancias dicten y controlen cómo nos sentimos. ¿No sería estupendo poder cambiar eso?
Alguien sabio dijo una vez —y seguimos repitiéndolo— que «la felicidad es una elección». Prueba este ejercicio: cada vez que aparezca una circunstancia negativa, antes de reaccionar inmediatamente imagina que observas lo que ocurre desde fuera. Piensa unos segundos si realmente merece la pena responder de forma negativa. La mayoría de las veces podrás decir: «No, esto no merece la pena, sobre todo si el precio es mi felicidad.» Ahí es cuando estás respondiendo a la situación en lugar de reaccionando automáticamente.
Así de sencillo: solo tienes que tomar la decisión correcta para ti.
Y cuando eres una persona feliz, a menudo descubres que estás rodeado de otras personas felices. Es la fórmula secreta: lo semejante atrae a lo semejante.
Paz.
Øyvind Nyborg